¿Porqué seguimos estancados en el desarrollo para Manta?

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Manta, ciudad milenaria por nuestros antepasados de la cultura Manteña, de experimentados navegantes que nos dejaron una rica cultura de herencia y de larga data, que geográficamente ha demostrado tener las mejores condiciones climáticas durante los doce meses del año para mantener un favorable acceso, sea por mar o aire. Así es Manta, considerada por propios y extraños como un punto estratégico para promover el desarrollo de la provincia de Manabí y ser una puerta de progreso para el Ecuador. Sin embargo, nuestra ciudad ha seguido estancada en su desarrollo portuario y aeroportuario.  

El puerto marítimo recibe visitas de cruceros internacionales, es el primer puerto pesquero del país y está ubicado en un lugar estratégico como el punto más saliente de la región suramericana, con una gran capacidad de calado y cercano a la línea de tráfico marítimo internacional. En el 2006 se lo concesionó a una operadora portuaria transnacional, Hutchison Ports para desarrollar el puerto de aguas profundas y proyectar nuestro puerto para la transferencia internacional de carga a nivel de regional e intercontinental; en el 2009 el Estado estuvo en desacuerdo con la operadora y se decidió por la terminación del contrato. Error histórico. En el 2016 el Gobierno central lo delegó a Agunsa-TPM y actualmente se encuentra en controversia los términos del contrato, donde muchas voces coinciden que se podía haber concesionado a un operador de mayor impacto internacional, que podía haber logrado, a la fecha, una mayor movilidad de carga marítima.

El aeropuerto de Manta es considerado por los expertos aeronáuticos como una excelente pista de vuelo a nivel de Sudamérica, durante todo el año, de tal manera que la corporación estatal de aeropuertos de Corea del Sur, en el 2017 se interesó en operar el aeropuerto manabita y formuló al país en el 2019 una oferta de inversión de 253 millones de dólares para operarlo durante 30 años, con una meta de lograr 9 rutas aéreas nuevas y movilizar un millón y medio de pasajeros anualmente, interés que, sorprendentemente, nuestras autoridades de Quito rechazaron en el 2021, declarando desierto el proceso de delegación en marcha. Otro error histórico.

Una razón por la que no se han podido delegar y explotar favorablemente nuestras infraestructuras claves para el desarrollo, como lo son el puerto y el aeropuerto, dos potenciales recursos de la provincia Manabí y la región, es debido a una falta de mayor liderazgo político y económico desde nuestra provincia. Nuestros líderes locales no reaccionaron cuando desde el Gobierno central se detuvo la delegación del aeropuerto a la iniciativa privada a un potente operador internacional, y no generaron propuestas para un análisis adecuado a la a la forma de cómo el Estado central llevaba a cabo la delegación del puerto de Manta en el 2016 y los objetivos que debía contener la misma, tal como la imperativa necesidad de la construcción de un puerto de aguas profundas y retomar el destino de la infraestructura como puerto internacional de transferencia de carga.

Hacia el año 2020 se reportó que el puerto de Manta movilizó apenas menos del 1% de carga contenerizada del país, la cifra no varió mucho en estos tres últimos años. Durante el 2023 el aeropuerto internacional de Manta movilizó aproximadamente 300 mil pasajeros, Guayaquil 4,2 millones y Quito 5,4 millones en el mismo período.

El proyecto de delegación del aeropuerto de Manta no ha tenido un empuje desde las clases empresariales locales y provinciales, de los líderes políticos y autoridades seccionales y asambleístas, quienes no han tenido mayor trascendencia en su capacidad de presión al Gobierno central —que por el orden constitucional son los encargados de operar y administrar estos sectores estratégicos— para que se pueda concesionar esta infraestructura aeroportuaria vía Asociación Pública-Privada, como contempla la Ley y con claro beneficios de desarrollo local, procurando mayor productividad con el desarrollo de nuevas rutas aéreas, incremento de empleos y dinamismo de la economía local.

El caso aeropuerto de Manta y su fallido proceso de delegación al oferente coreano pone en manifiesto la clara falta de liderazgo local de transcendencia nacional, en el campo político y en el campo empresarial, en un país donde el bicentralismo de Quito y Guayaquil sí logra concretar sus proyectos de desarrollo para sus regiones, mostrándonos un claro liderazgo económico y de acaparamiento del poder público. Manabí, que es la tercera provincia en población del país, necesita aún un mayor protagonismo a nivel nacional en muchos escenarios. Los hoy gobernantes del país, mayormente emergidos desde el bicentralismo, muestran una ceguera al no tener una visión de desarrollo para un crecimiento en las diferentes regiones del Ecuador, y tal cual fuerza centrípeta lo que promueven es un mayor desarrollo hacia su centro y que la periferia gire en torno a sus intereses generales. La situación para Manabí podrá ser mejor en tanto emerjan nuevas capacidades locales de liderazgo de alcance nacional. La provincia adolece de una falta de más poder con altas muestras de civismo y compromiso en sus líderes. Esperemos urgentemente un cambio.

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