Caminar y mascar chicle: la delgada línea entre la innovación y la desesperación.

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En las últimas semanas hemos vuelto a la clásica polarización del electorado, el debate ya no se centra en las propuestas de campaña ni en los planes de gobierno (que en muchos casos son desastrosos a nivel estructural), tampoco vemos un debate orientado a las ideologías o filosofías de cada candidato. Hemos vuelto al no tan viejo debate sobre la filiación política de los candidatos, y ya no se habla del presente o futuro del país, sino del pasado.

Este artículo no va a caer en lo mismo, sino más bien, retomaremos el rumbo de la opinión política a lo que realmente importa, los candidatos y las campañas. Es posible que, en algún momento de nuestras vidas, sobre todo en campañas electorales, hayamos escuchado la frase “no existe mala publicidad”, en referencia a las campañas de desprestigio, o a las críticas que puede recibir un personaje mediático.

Muchas veces estos personajes se suben en la ola de la polémica y buscan navegar los comentarios lapidarios que reciben por parte de sus detractores, o en su defecto, desaparecen momentáneamente del ojo público, esperando que pase el huracán para luego continuar con sus actividades. Si bien la polémica ubica a los personajes en cuestión en el ojo público, quizás sea conveniente cuando se trata de personajes de la farándula o del mundo del espectáculo, y es posible que puedan sacar provecho del caos e incluso monetizar.

Pero el caos mediático no siempre es positivo para los personajes polémicos, sobretodo en política y peor aún en épocas de campaña. Si bien una de las premisas del marketing es que no existe mala publicidad, esto se aplica, en mayor medida a las ventas, no así a la propaganda, ni a la comunicación política y, tampoco, al marketing político. Estos tres campos requieren de coherencia y congruencia con respecto a la imagen y el mensaje que se busca posicionar, así como la convicción y el poder de convencimiento que debe tener un candidato con el electorado.

Desde ayer está circulando en las redes sociales un video del candidato del PSC presidencial, Jan Topic, en una entrevista radial, consumiendo cannabis, en una medida extrema o desesperada por darse a conocer, y quizás para mostrar una imagen más jovial, más “moderna” y no tan seria como es la característica del PSC, partido que lo patrocina en estos comicios, cuya característica es el conservadurismo. Pero, al ver estos videos surgen ciertas interrogantes:

¿Es necesario consumirla para abogar su despenalización? – ¿Se alinea con los principios del PSC? – ¿Fue premeditado o sus asesores no pudieron contenerlo? – ¿Táctica comunicacional fallida o error intencional? – 

Si acaso el objetivo era causar polémica lo consiguió, pero, el hecho de que se hable de este video no se va a transformar en intención de voto por tres razones.

1) el nivel de conocimiento del candidato no ha aumentado en las encuestas recientes, y con un acto desafiante como el de consumir cannabis (ilegal) en un medio de comunicación no va a aumentar esas cifras porque en Ecuador profundo no les dan mucha importancia a las tendencias de Twitter ni a las publicaciones de Instagram ni mucho menos a las cadenas de WhatsApp.

2) lo que para los estrategas y asesores de Topic fue un acto de rebeldía y polémica que lo sitúa en el ojo del huracán, no necesariamente representa una postura política como tal. Debido a que para un sector de la sociedad el consumo de estupefacientes y otras sustancias sujetas a fiscalización representan una pesadilla que ha destruido familias y comunidades enteras.

3) Este acto se aleja totalmente de lo que el candidato representa, o al menos de cómo se proyectaba al inicio de su pre-candidatura, incluso se lo puede calificar de incongruente con su perfil político. Si antes le decían el ‘Rambo de Sambo’ para mofarse de su formación militar, detalle que no se van a borrar, ahora lo van a asociar con las drogas que ingresan al país. 

QUE VENGAN LOS  MEMES

Para abogar por la despenalización de los enteógenos no es necesario consumirlas en un medio de comunicación, ni mucho menos filmarlo o dejarse filmar para que luego se torne viral dicho video. Sobre todo, si el perfil del candidato no es afín con este tipo de actos o posturas. Otro hubiese sido el caso si el candidato se filmaba hablando de los beneficios del uso medicinal y recreativo de la planta, aduciendo que se la debería despenalizar, y en sumatoria, pudo haber hablado de los réditos fiscales que representarían para el Estado ecuatoriano. Que sin dudas lo harán para justificar este polémico video.

Otro hubiese sido el caso si hubiésemos visto a Yaku Pérez abogando por la despenalización del uso medicinal y recreativo del cannabis. Esto se habría tomado como un acto de rebeldía y de resistencia por parte de un candidato que está posicionado en la cara revolucionaria de la política, así como también se lo asocia con el discurso naturalista y pachamamista. El impacto mediático no habría sido tan cuestionado, incluso podríamos considerar que la imagen de Yaku se habría potenciado, siempre y cuando lo hubiera realizado con la seriedad y prudencia que demanda una campaña presidencial (en tiempos de crisis).

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